Reválida para fanáticos

Una editorial japonesa convoca unos exámenes para seleccionar a los mejores ‘otaku’, los auténticos forofos de los cómics y dibujos animados japoneses
GONZALO ROBLEDO/

Una editorial japonesa seleccionará el próximo mes a través de un examen escrito a los mejores otaku del país para distinguirlos de la tribu mundial de los incondicionales del cómic y los dibujos animados nipones. El examen, convocado por la editorial Biblos, constará de 50 preguntas diseñadas para confundir al más avezado de los fanáticos al arte pop japonés y formuladas en el estilo de cuatro y cinco opciones habitual en las escuelas locales. No bastará saber qué personajes pueblan una serie, de qué color vestía la protagonista en una escena o los detalles sutiles de la trama.

Tomado de Diario Vasco

Será necesario haber asistido sin falta a las «convenciones» anuales o ferias de manga, saber el número de visitantes y qué canciones se tocaron como fondo en los desfiles de «cosplay», la moda de travestirse como un personaje de manga favorito y recitar sus frases más conocidas. El 27 de junio Biblos abrió las inscripciones en internet para el examen y cuando el número de consultas se acercaba al medio millón el contador de visitas se atascó, según informó la agencia Kyodo.

Puesto que las pruebas serán en japonés, la prueba excluye a miles de aficionados en Occidente que se apropiaron el apelativo de otaku sin conocer a veces las connotaciones negativas del término en su país de origen.

La palabra otaku, un pronombre parecido al «tú» usado en Japón para dirigirse respetuosamente a un extraño con el que no se desea entablar relación, ha pasado a ser la etiqueta de aquellos cuya dedicación excesiva a un tema reduce sus contactos sociales. Según dijo hoy a EFE Emilio Gallego, uno de los más cotizados traductores de manga (cómic japoneses) al español, el pronombre era utilizado por un personaje de la serie «Makros», y de allí empezó a ser usado por los jóvenes. La introversión del otaku adquirió tintes macabros cuando en la década pasada un homicida de niños que mutilaba a sus víctimas copió los siniestros métodos de sus crímenes de miles de libros de manga y vídeos de «anime» (series de dibujos animados) que coleccionaba. Empollón tímido, sabelotodo o arrogante, son adjetivos que ayudan a definir al otaku japonés pero no logran explicarlo del todo. «Decir que son fanáticos o aficionados es fácil», afirma Gallego, y añade que en España los aficionados al manga y al anime se apropiaron del término con orgullo, hasta hace poco, cuando empezaron a destacar los aspectos negativos que tiene en Japón. «Entre muchos españoles otaku tiene ya la connotación de ‘friki’ (bicho raro)», asegura Gallego.

Traductor de clásicos del manga como «Hiroshima» (Hadashi no gen) de Keji Nakazawa y las obras de Osamu Tetsuka, el padre de la animación nipona, Gallego considera que el mundo de otaku es básicamente la extensión de una gran industria. Mientras eventos como el Salón del Cómic de Barcelona generan decenas de miles de visitantes en tres días, el Comiket, el principal mercado del manga en Tokio, reúne a unas 400.000 personas en un plazo similar.

Un tomo de manga en España vende unos 3.000 ejemplares, mientras que en Japón arrrlgunas obras llegan a los 2,2 millones de copias, «mucho más que Pérez Reverte en España, pese a que la trama es inexistente y la obra está basada en el atractivo de los personajes», dice Gallego. La condición de otaku termina por lo regular «cuando empiezan las preocupaciones», explica el traductor español, según el cual un otaku puede gastar 2.000 dólares comprando contenidos o muñecos de plástico de los personajes en el barrio tokiota de Akihabara.

Una nota mas completa pero en ingles puede ser leida en Japan Times

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Genio de medio tiempo, sociólogo por formación, linuxero por convicción, el loco tras la idea de seguir con infraestructura en vez de usar la web2.0, dejo de jugar consolas cuando salio SF2 para SNES, declara que le encanta el diseño de las Mac, pero el costo ni cercanamente, censor vitalicio de lo que se dice en la cobacha

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